March 1, 2016 Nepal, Viajar 1 Comment

05/11/15
Namche Bazar, 3750m

 

Subiendo al monasterio de Tengboche

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De nuevo nos levantamos pronto para poder disfrutar de las primeras horas de luz mientras nos adentrábamos en el valle del Khumbu. Tomamos el camino oficial que te llevaba a través del valle, junto al río, con unas vistas increíbles de la cordillera del Everest. El camino era estrecho y sinuoso, se enfilaba por la ladera del valle como una serpiente, primer tramo plano con una subida suave. Las vistas eran tan espectaculares que teníamos que parar cada 10 minutos para hacer fotos y disfrutar del paisaje; aunque salimos mucho antes que William, el holandés con el que habíamos compartido un café en Namche Bazar, nos alcanzó en un punto mientras sacábamos unas fotos. El camino pasaba por una estupa budista y por un monumento similar a una estupa en recuerdo de Tenzing Norgay y Edmund Hillary, los dos primeros alpinistas en alcanzar la cima del Everest.

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Cruzamos dos caravanas de yaks y paramos a desayunar antes de cruzar el río, para cruzarlo teníamos que bajar 200m para después tener que subir casi 600m hasta Tengboche, la subida puso al límite mis fuerzas, con los 18 quilos de mochila y el temor de que el mal de altura comenzara a hacer presencia, mantuve un ritmo lento pero constante y no paré para descansar hasta la llegada al final de la subida. En Tengboche visité un monasterio budista sherpa, el más grande de la región del Khumbu.

un pueblo en los Himalayas

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El monasterio tenía un patio central abierto y al subir unas escaleras llegabas a la sala de meditación que no pude visitar porque estaba cerrada, seguí a un monje que sacó la cabeza por una de las puertas que llevaban a la cocina; me invitó a seguirle hacia fuera dónde me guió hasta otra sala donde los monjes estaban recitando sus escrituras. Junto a otros dos senderistas entramos en la sala, los monjes nos miraban de forma curiosa levantando la vista rápidamente de sus libros, los cuales eran recitados por uno de los monjes superiores mientras el resto repetía al unísono lo que este decía. Haber subido a 3800 metros en los Himalayas, el ambiente frío, mis piernas cansadas, el silencio solemne del lugar y la perfecta coordinación de los monjes al recitar los textos me dieron la sensación de que el tiempo se parase, de estar presenciando algo mágico e especial; quizás para los monjes ahí presentes, nosotros éramos tan solo tres turistas más, pero para mí aquello fue una experiencia mágica y les estaré siempre agradecidos.

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Durmiendo a las faldas del Amadablam y del acecho del Yeti

Saliendo del templo vi que Eric ya había llegado y estaba junto a Lalao y William, le contamos a William que nosotros queríamos llegar hasta Pangboche y pasar un par de noches ahí subiendo el día siguiente hasta el campo base del Amadablam para aclimatar. El plan le pareció bien así que se apuntó con nosotros. Nos quedaban dos horas de andar, y llevábamos ya unas cinco desde que salimos de Namche Bazar, Eric se resentía de su rodilla derecha, casi no podía ni andar y no veía muy claro lo de subir al día siguiente hasta 4600m. Llegamos a Pangboche con la caída del Sol, una aldea que se situaba a 3985m, vimos el Amadablam desaparecer detrás de un manto de nubes y el cielo encenderse de color rojo. Aquella noche dormimos en un hostal que estaba recién construido, el dueño se llamaba Tashithundu Sherpa y resultó ser también el lama del monasterio de Pangboche, antes de ser ordenado lama había sido alpinista y había trabajado en expediciones al Everest y otros picos de la cordillera del Everest. Le preguntamos cuánto se tardaba en llegar al campo base del Amadablam, ya que al día siguiente teníamos pensado ir allí haciendo una excursión de un día y para poner el cuerpo a 4600m y ver como nos notábamos, lo poco que sabíamos de alpinismo es que la única forma de aclimatar el cuerpo a la altura es hacer ascensos y descensos en un mismo día, y da igual si eres un alpinista profesional o panadero, el mal de altura puede darle a cualquier persona, en cualquier momento y en cualquier altura, porque en una ocasión no hayas tenido mal de altura no quiere decir que en otra expedición no vayas a tener. Tashithundu nos indicó que para llegar al campo base del Amadablam a nosotros nos tomaría unas tres horas pero recalcó que a él, sólo dos. Cenamos al lado de la estufa, el combustible de la cual eran excrementos de Yak secos y que resultan ser una fuente de calor increíble ya que llegó un momento que incluso nos sacamos las chaquetas del calor que hacía. De ahí nos fuimos a la cama directos, agotados después del duro día.

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Pangboche

06/11/15
Pangboche, 3985m

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Por la mañana desayunamos fuerte, el día anterior habíamos salido sin desayunar y paramos a las 10 de la mañana, un error ya que después al mediodía no teníamos hambre y al final llegamos a Pangboche muy hambrientos. Por eso decidimoes en ese momento que cada día haríamos desayuno justo después de levantarnos y comida al mediodía. Nos dio la sensación de que éramos quizás los primeros clientes del Buddha Lodge ya que el desayuno llegó treinta minutos tarde, y normalmente lo tienen muy bien calculado. Antes de ir a dormir siempre pides qué vas a desayunar y dices una hora para que lo tengan listo.
Salimos del lodge camino al monasterio de Pangboche, que resultó ser el monasterio más antiguo del Khumbu y que ahora estaba desocupado y solo se usa para ceremonias especiales. El monasterio fue fundado por el líder de los sherpas Sangwa Dorji en 1667. Cuenta la leyenda que llegó volando desde el Tibet y que al aterrizar dejó marcada su huella en una piedra la cuál pudimos ver en el monasterio. También cuentan que los árboles que hay en el poblado, y que marcan la línea de bosque de los Himalayas, crecieron a partir de un pelo que se arrancó Sangwa Dorji de su cabellera y que esparció en Pangboche. El monasterio alberga una última sorpresa, una reliquia de uno de los seres más mitológicos que existe, el Yeti. En una urna de cristal, lucían un esqueleto de una mano muy grande con unos dedos muy parecidos a los de un humano, pero de una dimensión y longitud descomunales. Junto a la mano había una calavera que lucía pelo disecado, de un color blanco, liso y largo. Los sherpas, creen en el hombre de las nieves, le respetan y le temen, si aquello es real o no tiene poca importancia, lo importante es que la gente que vive ahí cree en ello e incluso algunos científicos contemplan la posibilidad de que esa criatura misteriosa, o algo parecido, podría habitar en algún lugar inhóspito de los Himalayas. Ninguna expedición hasta el momento ha logrado encontrar uno, pero este ser de las nieves, el cuál no se sabe si es un primate o un hombre, es tan exótico y extraño como el otro ser más buscado de los Himalayas, el leopardo de las nieves, quién dice que no pueden existir seres de este tipo en lugares en los cuáles los humanos jamás han ido?

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Tashithundu

Salimos del monasterio y dejamos atrás todas las leyendas y budismo para seguir con nuestra rutina diaria de caminar. Eric ya se había resentido de la rodilla subiendo la colina hacia el monasterio así que dijo que no se sumaba a venir al campo base del Amadablam y que se quedaba descansando en el hostal junto a William. Lalao y yo seguimos con el plan, y nos pusimos en marcha. El camino hacía el campo base del Amadablam ya no era tan marcado y sencillo como el camino oficial hacia el campo base del Everest, había varias pisadas que se podían seguir y estaba muy poco transitado, mientras subíamos nos cruzamos con varios animales salvajes, yaks y ciervos (o un familiar parecido), que pasivamente nos miraban, sin sorprenderse lo más mínimo. Llegados al campo base nos tiramos a disfrutar tomando el Sol y notando como calentaba nuestras caras. Nos quedamos contemplando el pico del Amadablam, quizás el pico más bonito que haya visto en mi vida. Se levanta imponente, recto hacia el cielo y termina en una forma redondeada a poco más de 6800 metros.

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Campo Base Ama Dablam, 4600m

Bajamos a paso ligero, sin prisa y sin haber tenido ningún síntoma de mal de altura, lo cuál nos hacía estar tranquilos para la subida que nos esperaba al día siguiente. Al llegar a Pangboche, nos dimos cuenta que la aldea era más grande de lo que pensábamos y vimos muchas construcciones en marcha, básicamente en los Himalayas construyen de dos formas, con una estructura a base de madera, las paredes hechas de madera contrachapada en el interior y chapa metálica en el exterior y los techos de metal corrugado. El segundo tipo de construcción es, supongo, el más tradicional, a partir de muros de piedra que iban construyendo a base de apilar trozos de piedra unas encima de las otras tapando los agujeros que había entre las piedras no uniformes con trozos más pequeños, que sobraban de romper los trozos de piedra más grandes. Antes de la cena, Eric y yo fuimos a deleitarnos en un pequeño horno de pan que había en Pangboche y donde vimos que hacían una especie de croissants de chocolate, en las montañas el hambre parecía que se me había multiplicado, y se me antojaban mucho los dulces, especialmente aquellos con chocolate. Después de cenar, conversar y leer alrededor de la estufa de Yak, nos fuimos a dormir todos, William aún seguía con nosotros, pero al día siguiente nos dejaría ya que él tomaba un camino distinto al nuestro para no hacer una subida tan directa hacía el campo base de la madre de todas las montañas. Esa noche fue fría pero no esperábamos lo que nos venía delante los siguientes días.

 

 

William

William

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Written by oriolSP
Siempre curioso, salí en mayo de 2015 a explorar el mundo, iba a ser un corto viaje y se ha convertido en una forma de vida