May 4, 2016 hiking, Nepal, Viajar No Comments

11/11/2015
Dzhongla, 4830m

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Frío de nuevo, desde que dejamos Namche Bazar y nos adentramos a los 4000m de altura el frío por la mañana y cuando desaparece el Sol es cortante y severo. Aquella mañana pedimos chapati con huevos, el chapati es un pan típico del Nepal, consiste en una masa de harina agua y sal plana, pedimos un poco de salsa picante para darle un poco de sabor al desayuno, pero al intentar servirnos la cuchara… Nos llevamos el recipiente entero, el chili estaba congelado. Un anécdota curiosa para comenzar el día, nos esperaban entre 6 y 8 horas de caminar hasta llegar al siguiente pueblo donde pasaríamos la noche antes de llegar a Gokyo.

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El primer trozo del tramo era plano hasta llegar a la pared del paso, medio escalando por las rocas se llegaba al Cho La Pass, desde donde teníamos unas vistas increíbles del Amadablam. El día de nuevo era despejado, claro y soleado, ya había comenzado a calentar un poco el Sol y la subida hacia el paso nos hizo entrar en calor.

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Descansamos en ese punto, observando el Amadablam, seguramente sería la última vez que lo veíamos en el viaje ya que no volvíamos por el mismo camino para bajar a Katmandú.

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Nos levantamos y encaramos a cruzar el paso, parece que una excavadora haya arrasado una parte de la sierra para crear un camino donde cruzar. El paso está bien nevado, pero muy pisado y podemos seguir las huellas sin tener que llenarnos de nieve hasta la rodilla, en los últimos días no ha nevado nada. Eric tiene que parar a calzarse las botas que se compró en Katmandú, desde el inicio del trekking, ha estado usando las zapatillas de trail running ya que las botas eran demasiado duras, comprar el calzado dos días antes de nuestra aventura no fue una buena idea, a mi y a Lalao nos han salido las botas bastante bien, pero Eric apostó por unas de aproximación de montaña, y un par de días por ciudad no es suficiente para que la bota coja tu forma del pie.

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El paisaje blanco termina con otra pared medio helada que tenemos que subir utilizando una cuerda fija, al llegar al otro lado del paso, nos encontramos con otras vistas maravillosas, nuevas montañas, nuevos valles, nuevos glaciares… Todo igual pero diferente, un nuevo parque de atracciones. La magnitud y poder que desprenden las montañas de los Himalayas no dejan indiferente a nadie, no es de extrañar todo el misterio que envuelve la gente, cultura y religiones de esa zona.

Descendemos de lo alto del paso, la bajada es muy vertical, resbaladiza y llena de piedras sueltas. Sin palos para apoyar, tenemos que ir con cuidado de no patinar y caer de cara. A mi derecha veo un nuevo glaciar, el Ngozunpa, la cascada de hielo que lo alimenta es mucho más espectacular que la del Khumbu, estas montañas no dejan de sorprenderme.

NIK_3670Descendemos del paso y dejamos atrás la pared semi vertical por la que se accede, delante nuestro se abre un camino de piedras sueltas y ningún rastro del pueblo al que hemos de llegar, chequeamos el mapa y vemos que aún nos quedan unas 3-4h de andar, llevamos ya 3h, por suerte, supuestamente el tramo que nos espera después del paso es bastante plano y sin fuertes pendientes. El camino está poco marcado, comienzas a formarse nubes alrededor de las montañas, que tenemos delante, el camino sube y baja varias veces como por una especie de colinas de piedras, en una ultima subida vemos una bandera en lo alto de esta, pensamos que ya hemos llegado al poblado, pero ahí arriba no hay nada, el camino vemos que sigue delante nuestro descendiendo por una hoya estrecha, resiguiendo un pequeño río que baja a nuestro lado llegamos hasta Dragnang. Han sido siete horas de andar en total, con más de 600m de desnivel, pero lo hemos conseguido, la rodilla de Eric ha aguantado y nos ha salido el día redondo.

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12/11/2015
Dragnang, 4679m

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Con la habitación congelada y sin mucha prisa, nos levantamos para ir a desayunar. Nuestra habitación estaba mal orientada para el Sol del amanecer –de hecho todo el hostal estaba en penumbra. El plan era llegar hasta Gokyo, una aldea rodeada por los lagos con el mismo nombre, lagos de agua azul turquesa. A su lado también queda el Gokyo Ri, un pico de unos cinco mil metros y poco que pensábamos subir ese mismo día al llegar a Gokyo y que ofrece unas vistas fenomenales del Everest y sus hermanos.

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Para llegar a Gokyo cruzamos el glaciar más grande del Khumbu, el Ngozumpa, las vistas desde dentro de un glaciar son de otro planeta, bloques de hielo enormes y piedras, gris, blanco y azul se mezclaban entre sí creando una visión fascinante, lo más increíble quizás era pensar que estaba cruzando un río de hielo que avanza poco a poco cada día, sin pausa alguna. Después de cruzar el glaciar nos esperaba una fuerte subida que ya nos dejaba en la zona de los lagos de Gokyo, fuimos al hostal que nos había recomendado el dueño de nuestro hostal en Dragnang, parece que todos los hostales de esta zona tienes a sus hermanos, primos o cuñados regentando otros hostales y te van recomendado ir de uno a otro, en parte se agradece porque en el fondo son todos iguales y te ahorras el tener que visitar uno y otro y de vez en cuando tienes un descuentillo o un té de bienvenida que se agradece mucho.

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Después de comernos un Dalbhaat y repetir, nos toca subir al Gokyo Ri, son entre 2-3h de vuelta, la montaña tenía la característica de que cuando ibas subiendo no veías el pico, y siempre te parecía que ahí donde te abarcaba la vista estaba el pico, pero cuando llegabas ahí solo veías que el pico, de hecho, estaba más arriba. A medida que íbamos subiendo, el Everest iba quedando visible, también se veía el Ngozumpa a vista de águila, la aldea de Gokyo estaba construida justo al lado del glaciar.

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Llegados al pico, pudimos disfrutar las maravillosas vistas de los picos del Everest, los lagos de Gokyo… Pero también disfruté de algo que no había experimentado nunca, “oír” el silencio. El silencio se podía escuchar, era tanta la falta de ruido que mis orejas me pitaban, no había experimentado nunca una sensación de silencio así, y menos aún con unas vistas tan espectaculares como las que teníamos ante nosotros. Bajando de nuevo a la aldea de Gokyo, nos dimos cuenta que subir este pico marcaba el final de la subida de nuestra ruta en los Himalayas, a partir de este punto todo era bajada, volvíamos hacía la civilización, el blanco se convertiría en marrón, los arboles volverían a aparecer y dejaríamos atrás esos misteriosos picos nevados. Gracias Himalayas

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Written by oriolSP
Siempre curioso, salí en mayo de 2015 a explorar el mundo, iba a ser un corto viaje y se ha convertido en una forma de vida