June 24, 2015 gastos, hiking, Tips, Viajar 1 Comment

 

 

 

“For me, when everything goes wrong, that’s when adventure starts”
“Para mi, cuándo todo va mal, ahí es donde comienza la aventura”

Yvon Chouinard

P
ues para Corinne y un servidor la aventura comenzó en el minuto 0. De hecho comenzó bastantes horas antes, días, y todo por mi negligencia y poco entendimiento en motores… El miércoles por la tarde, la luz del aceite comenzó a parpadear en mi salpicadero, yo había revisado el aceite hace un mes, y parecía que estaba correcto, así que pase de ella.

El sábado por la mañana había quedado con Corinne, una chica que conocí en el Hiking Meetup, para ir a Coromandel y hacer la Coastal Walk, en la punta norte de la península de Auckland. Su tren llegaba tarde, así que decidí -por si acaso- echarle un vistazo al nivel del aceite… Que sorpresa para mi, observar que… no había ni gota de aceita en la varilla. Y eso quería decir que me había cargado el motor. Mi amigo Jandro me lo confirmó por el whatsapp: “lo más probable es que ya lo hayas jodido” pero me dijo que le echara aceite y probara. Así lo hice, eché una botella que tenía en el coche y me fui a una gasolinera a comprar más. “Si oyes un clac-clac-clac, para” me dijo Jandro. No parecía que hubiera ningún ruido sospechoso, pero por si acaso me pasé por el taller de delante la gasolinera y le pregunté al mecánico: “No le pasa nada, pero a partir de ahora revisa el nivel del aceite cada dos días, tu motor quema aceite, por eso te quedaste sin”. Bueno al final podíamos continuar, lo que parecía que era el comienzo y el final de una aventura, al final había salido bien; Bautizamos al coche con el nombre de Oilliver y pusimos rumbo a Coromandel.

Subiendo a la punta del Coromandel

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La carretera que serpentea por la costa oeste de la península del Coromandel es una experiencia bastante salvaje de por sí, y si a eso le añades una lluvia torrencial te sientes como un conductor que se dirige al final del mundo. Nos paramos bastantes veces a fotografiar los paisajes, y en una de esas vimos algo que nos llamó la atención… Un templo budista, yo había leído que por ahí había un retiro budista, pero para nada me esperaba ver un Budha de 3 metros en una carretera perdida en Nueva Zelanda. Decidimos parar y echar un vistazo. Nos atendió una chica muy amable, que nos invitó a que descansarmos un poco y recuperaramos el calor con un té, después de media hora en el centro y de charlar con los voluntarios que estaban ahí trabajando, decidimos retomar la carretera hacía Fletcher’s bay, el final de la carretera por la que conducíamos.

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A los diez minutos de conducción la carretera de asfalto había llegado a su fin, desde ahí nos quedaban 45 km de gravilla y barro pues no paraba de llover. Oilliver seguía aguantando como un toro, y así fue hasta que nos quedaban unos 20 km para llegar a Fletcher’s bay, después de bajar y echar una foto, me di cuenta que teníamos una rueda pinchada. Desde que comenzamos la carretera de gravilla no nos habíamos cruzado con nadie, quién coño estaría ahí arriba con el tiempo que hacía?

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Cuándo compre el coche no revisé si tenía todo lo necesario para cambiar una rueda, así que me puse a buscar la rueda y las herramientas. Encontré la rueda, la herramienta para sacar los tornillos… Pero no el gato (lo he encontrado hoy en un lateral).  Por suerte, había unos pescadores que estaban igual de locos, y justo nos los habíamos cruzado 500 metros más abajo, nos fuimos hacía allí y los pillamos que justo se iban -otra vez la suerte de nuestro lado- uno de ellos enseguida se tiró al suelo y comenzó a levantar el coche. El resto se miraban el coche con recelo, y nos preguntaban si estábamos seguros de seguir hasta arriba… Nos quedaba nada para llegar arriba, y el tiempo para el domingo tenía que estar bien, así que no veíamos razón para dar media vuelta. Una vez la rueda estaba en su sitio, nos pusimos rumbo a Fletcher’s Bay… Y llegamos.

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Pudimos cocinar en un refugio de pescadores y estar -más o menos- secos durante un rato. Después preparamos la cama dentro del coche y a dormir, eran las 20.30, y la lluvia no cesaba…

Un domingo de sueño

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Nos levantamos el domingo bien pronto, sin nada de viento y con solo unas cortas “duchas”, el centro de la península de Coromandel es una cadena de montañas que hace que esta sea una de las zonas más lluviosas de Nueva Zelanda -aunque para mi llueve igual en todos sitios-. Creo que el resto de la historia es mejor contarlo con imágenes, la caminata fueron 10km de ida y 10 de vuelta, con unos paisajes que dejaban boquiabierto, un verdadero lujo y una gran recompensa después de todo lo que pasamos para llegar hasta ahí. Espero que disfrutéis de las fotos, en otro post ya contaré el futuro de Oilliver

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Written by oriolSP
Siempre curioso, salí en mayo de 2015 a explorar el mundo, iba a ser un corto viaje y se ha convertido en una forma de vida