09/11/2015
Gorak Shep, 5164m

Como temíamos, pasamos una noche tremenda. Mientras leía un artículo en la cama, me vino de repente una pequeña punzada de dolor en la cabeza, era muy leve, pero no se fue en toda la noche. Me pasé la noche casi sin dormir, cuándo me acostaba sobre un lado me venía el dolor en la cabeza, era leve pero constante y hacía que me preocupase por el mal de altura. Si me ponía boca arriba dormir, me inundaban la cabeza pensamientos sobre el futuro y sobre los próximos días, llevábamos tan solo siete días andando y nos quedaban dos semanas más así, íbamos ya cansados y, sobretodo, con mucho frío. Tenía que conseguir dormir ya que por la mañana nos esperaban tres horas hasta el campo base del Everest, de vuelta de la base de la madre de todas las montañas, queríamos subir el Pattar, un pequeño pico de fácil ascenso de 5500m que ofrece unas vistas espectaculares del glaciar del y de la cordillera del Everest.

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Durante el desayuno, nuestras caras reflejaban la noche que habíamos pasado, Lalao sobretodo había pasado una noche tremenda, tenía la cara muy chupada y se le marcaban mucho las venas en la frente, decía que se encontraba un poco mejor pero que aún le dolía un poco la cabeza, se llegó a plantear no llegar al campo base y bajar directamente a Lobuche a 4900m para ver si se le pasaba el dolor de cabeza, le dijimos que era mejor que bajásemos todos juntos y que no podía ser que solo dos llegaran al destino principal de nuestra travesía, tenía que venir sí o sí, los tres llegaríamos y nos haríamos una buena foto con el cartel de “EVEREST BASE CAMP 5364m”

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Comenzamos a andar, a paso muy lento, eran solo 4 km hasta llegar al campo base, pero fueron sin duda nuestros 4 km más duros del viaje. Me adelanté a los chicos ya que se me pasó el dolor de cabeza al comenzar a andar, cuando ya llevábamos alrededor de 1.30h me cruzé con un par de senderistas que volvían, me dijeron que estábamos a muy poco, unos treinta minutos de llegar a la base de todas las montañas. El saber que estaba a muy poco de llegar me hizo recuperar fuerzas y poder apresurar en los últimos minutos, respirar profundamente el limpio y gélido aire de las montañas y notar el Sol calentar los pómulos de mi cara, la única parte de mi cuerpo descubierta a las frías temperaturas. Finalmente llegué.

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Tiré la mochila, saqué una chocolatina, agarré la cámara y me la enfoqué a la cara… Foto de celebración; de haber logrado un sueño… Pero el sueño no era llegar a la base del campo base del Everest, mi sueño de hecho no es llegar a ningún sitio, y se sigue cumpliendo cada día que pasa en este “viaje”. Mi sueño es el de decidir como yo quiero vivir, sin todos esos pesos que le ponen a uno encima cuando vas creciendo, tomando decisiones y que hacen que a uno le construyan en lugar de construirse uno a si mismo. Llegué ahí porque yo lo decidí, un día, sin darle muchas vueltas a la cabeza y sin un plan de acción claro, pero como todo, poco a poco se fue formando y lo que parecía imposible ayer, se convirtió en realidad hoy. Ahí estaba, enfrente de la montaña más alta del mundo, soñada por millones e intentada por miles, sufrida por todos, una montaña que se ha cobrado muchas vidas, pero a la que la gente vuelve y vuelve.

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Llegaron Eric y Lalao, el mexicano llegó exhausto y se sentó a la de una, lo habíamos hecho, habíamos llegado! Agarramos el cartel donde se leía “EVEREST BASE CAMP 5364m”. Mientras nos hacemos la foto con el cartel se posa a nuestro lado un pájaro, un pequeño pajarillo con el plumaje todo rosado, lo observo y no puedo dejar de preguntarme como puede ser que un animal tan diminuto y de apariencia tan frágil haya encontrado su hogar en un lugar tan inhóspito y remoto.

Mientras caminábamos hacia el campo base íbamos observando lo que creíamos que era el Everest, pero al llegar al campo base un guía de una pareja australiana nos dice que el Everest no es esa montaña que hemos estado mirando durante todo el camino, Everest queda escondido detrás de la cascada de hielo, y desde el campo base sólo se ve la puntita. Al volver hacia el albergue, la vemos, inconfundible, no podemos entender como la habíamos confundido con un pico, que de hecho, pertenece a China.

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De vuelta en el albergue pedimos la comida, tenemos el Kala Patthar ahí delante, son tres horas subir pero estamos demasiado cansados y el mal de altura aún le duraba a Lalao y a mi me estaba volviendo, así que decidimos bajar a Lobuche.

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Con la luz ya bajando, nos pusimos en marcha hacía Lobuche, más lentos de lo habitual y con pocas fuerzas, inmerso en mis pensamientos, le doy vueltas al hecho de haber dicho que no a subir al Kala Patthar, tan cerca pero tan lejos, estaba en los planes y no lo hice, pero no se puede tener todo en esta vida, y poco a poco voy aprendiendo esto, mejor dejar alguna cosas por hacer que no hacerlo todo pero sin disfrutarlo como es debido.

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10/11/2015
Lobuche, 4940m

De pie, con la cabeza clara y sin rastro de mal de altura. Así nos levantamos Eric, Lalao y yo en el albergue de Lobuche, nos esperaba un día supuestamente tranquilito, bajar hasta la aldea de Dzonghla donde pasaríamos la noche y nos prepararíamos para el Cho La Pass al día siguiente, un paso entre montañas a 5300m que conecta la región de los lagos de Gokyo con el valle del Khumbu.

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Volvemos al mismo valle que dos días antes nos había llenado de energía y positivismo, pero esta vez lo vemos desde arriba ya que no lo cruzamos sino que lo bordeamos para dirigirnos hacia el Oeste, hacía la zona de Gokyo, en el este queda el Ama Dablam, su forma es hipnotizadora.

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Las vistas me devuelven la vitalidad y la fuerza y acelero mi paso, al final llegué a Dzonghla antes que Eric y Lalao, Lalao con mucha mejor cara me dice que Eric se está lamentando un poco de la rodilla, parece que el dolor ha vuelto. Cuando llega me comenta que quizás no pueda terminar la ruta, le duele demasiado la rodilla. El albergue tiene ducha caliente así que decidimos comprar una cada uno… Lalao se decide por ahorrar e tomársela fría, congelada. Eric al volver de la ducha dice que ha encontrado una almorrana, por si la rodilla no fuera suficiente.

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Aquella tarde la pasaríamos ante el fuego leyendo y tomando chocolate caliente, un grupo de franceses nos informó que habían hecho el paso en 8h y que no había sido muy difícil, nuestro mapa marcaba más tiempo…

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Tenían entre 50-70 años y estaban frescos como una rosa. En ese momento nos dimos cuenta que nuestra nula preparación era lo que nos estaba pasando factura y no el hecho de que el sendero fuera difícil, el grupo de franceses jubilados llevaban toda la vida entre montañas, son de la zona de los alpes franceses y saben lo que les esperaba. Eric está bastante preocupado y consultó las cláusulas del seguro de alta montaña…

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Pero no es una persona que se rinda a la primera así que entre todos decidimos apostar por seguir y terminar el paso, cueste lo que cueste.

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Written by oriolSP
Siempre curioso, salí en mayo de 2015 a explorar el mundo, iba a ser un corto viaje y se ha convertido en una forma de vida